La mente creativa

Radha Burnier

La mente creativa proporciona un estado de bienaventuranza. ¿Cómo podemos darnos cuenta de qué es lo creativo? ¿Qué diferencias hay entre creativo, productivo, innovativo y constructivo? La mente creativa no es producto de la compulsión, y hay muchas maneras sutiles de esta compulsión. Una mente que está verdaderamente abierta, está abierta al universo entero, abierta a la gran mente del universo que es infinitamente creativa.

La mente creativa proporciona un estado de bienaventuranza, pero lamentablemente la mayoría de nosotros tiene tendencias mentales que no son creativas. ¿Cómo podemos darnos cuenta de qué es lo creativo? Quizás podamos tener un indicio si consideramos la investigación que realizó Krishnamurti acerca de qué es el amor en su obra A Dialogue with Oneself (Un diálogo con uno mismo) analizando primero lo que el amor no es. La negación es un método utilizado desde tiempos antiguos. Para conocer lo real, según las enseñanzas de la Vedanta, es necesario dejar de lado todo lo irreal (neti neti). Dado que la creatividad tiene mucho que ver con la verdad y la realidad, comenzar con la negación puede resultar un procedimiento adecuado.

La lengua inglesa tiene varias palabras similares al vocablo creativo, por ejemplo productivo. Uno puede llegar a la conclusión de que crear es lo mismo que dar forma a algo que no existía anteriormente. Pero ¿acaso la creación es lo mismo que la producción? Un sastre que produce por año cientos de uniformes para niños (como lo hace un amigo nuestro) es muy productivo, pero el trabajo no es verdaderamente creativo. Una persona que esculpe cosas desagradables, o una mente que produce ideas crueles o desagradables, no es creativa. Ninguna de las dos es una mente de la cual fluyen solamente pensamientos comunes. Existen fábricas que producen gran cantidad de hojas de afeitar o cepillos de dientes o piezas de maquinaria. Estas también son productivas, pero carecen de la cualidad implícita en la creatividad. No hay cualidad creativa en la reproducción aun de una imagen hermosa, o de un grupo de palabras, porque al imitar se pierde la cualidad de lo nuevo. Por lo tanto, la palabra creativo no se aplica al producto de algo realizado mecánicamente sin originalidad.

Otra palabra, innovación, implica la utilización de un método o propuesta nueva, una nueva manera de hacer algo, por ejemplo colocar el ventilador de techo de manera tal que no esté visible. También en las innovaciones existe un elemento mecánico. Por lo tanto sabemos instintivamente que ser innovador no es lo mismo que ser creativo.

Otra palabra para considerar es constructivo. Todas estas palabras están de algún modo relacionadas con la creatividad, pero ninguna de ellas capta la esencia misma. Podemos decir que una mente constructiva piensa y actúa para extraer lo que es bueno o mejor para todos. Pero tanto la mente productiva, la innovadora como la constructiva tienen mucho de lo viejo y muy poco de lo nuevo en ella. Existe siempre alguna clase de parámetro detrás de su actividad. Para que algo ya existente se transforme en una innovación es necesario modificarlo levemente. Se mejora, por ejemplo, una determinada situación y esto se considera constructivo. De modo que utilizamos estas palabras para describir actividades que tienen un trasfondo de imágenes que ya existen dentro de la mente. La mente promedio está generalmente atiborrada con viejos conceptos, imágenes y patrones. Todo esto forma parte de lo que llamamos experiencia.

La palabra creativo implica por el contrario, negación de todo lo viejo, todo lo mecánico. Una mente que se ajusta a los dictados de la sociedad, a los dogmas religiosos, a los pensamientos de la comunidad, y acepta rápidamente lo que se le inculca, no puede ser creativa. Está condicionada, lo que significa que tiene diversos patrones, ideas, imágenes y acumulaciones del pasado impresos en ella. Las respuestas presentes están teñidas por los contactos y las experiencias anteriores y por los pensamientos de otras personas. La única cualidad creativa fluye cuando todo el contenido de la mente, se deja de lado, no sólo el viejo, sino también el relativamente viejo.

Ninguna acción, ni siquiera aquellas que comunmente se llaman creativas, tales como la pintura, la música o la poesía, pueden ser realmente creativas si son el producto de la compulsión. Cuando a alguien se le obliga a escribir de determinada manera, a pesar de que su trabajo sea muy inteligente, muy exquisito, no puede considerarse creativo. Las palabras de Shelley sobre el canto de la alondra son memorables, porque él experimentó la cualidad espontánea, no premeditada del canto del pájaro. La espontaneidad es la antítesis de la compulsión, y todo condicionamiento es una forma de compulsión interna.

En nuestra sociedad humana, construimos muchas formas de compulsión. Un monje que describía la vida diaria en un monasterio, mostró un perfil de la disciplina impuesta, que incluía la meditación durante un cierto número de horas por día. Esto sucede así en el Cristianismo, Hinduismo, Budismo y otras instituciones religiosas. En algunas de ellas, meditan a la medianoche, y también en las primeras horas del día . Una persona que estaba escuchando, preguntó al monje: ¿No se quedan dormidos? Sí, por supuesto, algunos se quedan dormidos, ya sea que sus ojos estén cerrados o no, porque el cuerpo y el cerebro no pueden soportar el cansancio. Cuando esto ocurre, un monje con más antigüedad, pasa cerca de los culpables y les da una palmada. De esta manera forzada, ¿puede alguien meditar? ¿Puede algún movimiento creativo tener lugar bajo la compulsión?. Supongamos que un maestro le dice a un cantante: Debes ser creativo. Si no, te voy a pegar. ¡Está intentando lo imposible!

Las compulsiones internas son mucho más sutiles, y el condicionamiento es una compulsión interna. Debemos vivir con esto. El condicionamiento implica modalidades establecidas de pensar, sentir, y actuar. Nada aflora natural y espontáneamente de una mente condicionada, porque ésta se delineó un patrón, se estableció un programa. Vamos a tomar dos ejemplos que son fáciles de comprender. Luz en el Sendero sugiere que un problema como la ambición se puede reconocer y tratar mientras es obvio, pero cuando parece haber terminado, puede reaparecer de una manera sutil, y es entonces cuando uno fracasa en reconocerlo. Las formas sutiles del condicionamiento son difíciles de comprender. Por lo tanto consideremos al condicionamiento de una manera más fácil y comprensible.

Una forma de condicionamiento a la que la mayoría de las personas adhieren es la idea del logro. Toda la sociedad, los padres, los maestros, los vecinos, los amigos, la atmósfera total del pensamiento del mundo, está diciendo llega a algún lugar. La vida se equipara a los logros. Se cree que la vida no tiene significado sin ellos. La gente que parece estar más desarrollada moral o espiritualmente, puede desdeñar la persecución de objetos materiales, pero persiguen resultados en otros campos. El logro es un estado de la mente que quiere llegar a algún lugar, llegar a ser algo, o conseguir algo, ya sea material, moral o espiritual. Si vivimos pensando que no tenemos nada que lograr, ningún nuevo estatus o posición que alcanzar, ninguna versión mejorada de uno mismo para modelar, la mayoría de nosotros diría: ¿Pero entonces qué voy a hacer?, ¿para qué voy a vivir?

El primer verso del Bhagavad Gita que describe al sabio de mente equilibrada (cap.2) habla de renunciar a todo deseo. Esto no significa tan sólo renunciar al deseo por todos los objetos, materiales o espirituales. Cuando todos los objetos conocidos se agotan, otros tantos nuevos pueden aparecer. Una persona que parecía haberse apartado de todas las lujurias de la carne para siempre, puede de pronto caer en la tentación, según se ilustra en la historia de Visvamitra. La mente debe estar libre, no sólo del deseo por cualquier objeto imaginable, sino del deseo en sí mismo. Cuando el principio del deseo no influencia la mente, ésta se encuentra en un estado totalmente diferente. Todas las grandes enseñanzas espirituales enfatizaron este punto. La primera regla en Luz en el Sendero es categórica: Mata la ambición, lo que significa que la ambición debe terminar completamente. Muchos maestros orientales describieron el océano de la transformación en el que la gente se está ahogando. Krishnamurti expuso nuevamente esta antigua enseñanza cuando trató el tema de la psicología de la transformación que está profundamente arraigada en la psiquis humana. A algunos les gusta pensar en la sustitución de objetos más elevados por otros de más bajo nivel. Para una persona que piensa de esta manera puede ser el mejor camino, pero no lo es para el desarrollo de la mente creativa, que sólo es posible cuando no existe el condicionamiento, cuando no existe nada de lo viejo.

Otra forma universal de condicionamiento es la búsqueda de placer. Desde el preciso momento en que confundimos acción con logro, estamos mezclando el placer con el deseo de placer. El placer es natural: a través de los sentidos experimentamos la vida, y experimentar la vida, es placer. Pero perseguir el placer es diferente. En toda búsqueda existe siempre algo de lo viejo. Cuando experimentamos algo, la mente dice: lo quiero repetir, o quiero una versión mejorada. Nuevamente, tengamos en cuenta que el placer pertenece a los sentidos y es material, como así también psicológico, y la palabra placer tiene varios sinónimos. Es el deseo de bienestar. Mata el deseo de bienestar, afirma Luz en el Sendero. Este aspecto de la antigua enseñanza ha sido distorsionado y mal interpretado. Y la gente se flageló, pasó hambre y se torturó a sí misma para ser religiosa. El Buda firmemente aconsejó seguir el Camino del Medio, no tratar en forma cruel el cuerpo físico, ni tampoco satisfacerlo, que es la explicación más clara del Camino del Medio, una frase con un significado muy profundo. El deseo de placer es el deseo de seguridad, es el apego a la gente y a las circunstancias conocidas. La mente desea seguridad, bienestar y apoyo a través de algo conocido. Necesita un gurú a cuya túnica se pueda asir metafóricamente, alguien que tome la responsabilidad, que le proporcione protección. Todo esto es deseo de bienestar. El deseo de placer, de seguridad y de éxito son formas fuertes de condicionamiento y bajo esta compulsión, la mente no puede ser creativa.

Todos los que se preocupen por este tema deben profundizarlo cuidadosamente y examinar todas aquellas compulsiones que vienen de afuera, y darse cuenta que afuera no existe nada. Todo está adentro. Al citar a Krishnamurti, algunos podrán decir que los ceremoniales no son buenos. La gente se condiciona con las ceremonias. Si la mente está propensa a condicionarse, se condicionará con cualquier cosa, aun con las palabras de Krishnamurti. La libertad aparece cuando vemos el condicionamiento manteniéndonos en forma honesta y meticulosa en un estado de alerta vigilancia. Las ceremonias pueden condicionar a una persona convirtiéndola en dependiente de ellas. El hecho de pertenecer a la Sociedad Teosófica puede condicionarnos. Pero el dejar la Sociedad, o abandonar las ceremonias no van a impedir el condicionamiento. Solamente la vigilancia lo hace. Las trampas están en todas partes. A menos que la mente esté alerta, cae fácilmente en un patrón, en un hábito, en la acción mecánica.

Una mente creativa no debe ser atrapada por ningún patrón, nunca debe cargar con memorias pasadas. Tiene que estar muy vigilante, alerta, abierta. En ese estado de conciencia alerta, puede experimentar su propia profundidad, la cual se sugiere a través de dos aforismos bien conocidos de los Yoga Sutras. Si los patrones de actividad en la mente terminan (chitta-vritti), es posible redescubrir el ser real. Como dijo Shakespeare, Que tu propio ser se haga realidad . El condicionamiento que sigue un patrón, significa que uno no es uno mismo sino que está modelado por diversos factores. La mente creativa es prístina, serena, siempre abierta y alerta, y por lo tanto capaz de ser espontánea y original.

Por supuesto que uno tiene que utilizar la mente para tratar con cuestiones pragmáticas, pero en estos casos siempre permanece fresca. La frescura está adentro, no afuera. Algunas veces resulta útil realizar algunos ejercicios. Por ejemplo, cuando vemos una cara conocida, la mente rápidamente dice éste es tal y tal, y no mira más. Dejemos de lado lo viejo y miremos a la persona de nuevo, y uno ve la cara de una manera diferente. La familiaridad actúa como una pantalla. Cuando está abierto el canal para una observación nueva, ¡la mente adquiere gran energía! Una mente que está verdaderamente abierta, está abierta al universo entero, abierta a la gran mente del universo que es infinitamente creativa.

La literatura existente acerca de la Naturaleza nos informa en forma convincente sobre la inimaginable creatividad de la gran mente (Mahat). La mente humana que se encierra en el egocentrismo debe soltarse y dejar de buscar de modo que las potencialidades creativas que son interpenetrantes y universales puedan fluir dentro de ella. Aquel que no busca nada, puede así encontrar todo. Si penetramos en nuestro propio ser verdadero podremos descubrir el universo entero porque existe un sólo Ser.

Conferencia dada en el Congreso Teosófico de India del Sur, Adyar, abril 1966

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